El relevo generacional y la desconexión digital, retos de la NUEVA PRESIDENTA del colectivo profesional que representa a cerca de 300 profesionales especialistas en relaciones laborales en la provincia
Rebeca Gordon (1987)
asume la presidencia del Colegio de Graduados Sociales de Castellón en un
momento especialmente complejo para la profesión. Los cerca de 300
profesionales especializados en relaciones laborales, recursos humanos y
asesoramiento sociolaboral a los que representa afrontan un escenario marcado por
los constantes cambios normativos, la digitalización de las administraciones y
el creciente desgaste laboral del sector.
Toma el relevo de Amparo Máñez -que se integra en su
Junta Directiva- con el desafío de atender un relevo generacional decisivo para
el futuro del colectivo. Cuarta mujer que ocupa la presidencia en los 51 años
de historia del Colegio –se alcanza la paridad- reclama mayor reconocimiento y
capacidad de influencia para los graduados sociales en la toma de decisiones
laborales. Entre sus prioridades figuran atraer talento joven, impulsar la
formación tecnológica y preservar el valor de la experiencia en un contexto de
transformación acelerada.
Llega a la presidencia en un momento de cambios
importantes en el ámbito laboral. ¿Qué le motivó a dar el paso hacia la
presidencia?
Principalmente dos motivos: el apoyo recibido y la
necesidad de dar continuidad al trabajo realizado durante los últimos años. Llevo
trabajando siete años en la Junta de Gobierno y creo que mi generación debe
servir de puente entre quienes se jubilarán próximamente y la nueva generación
que debe incorporarse a la profesión. Debemos ayudar a que su conocimiento,
trabajo y experiencia no se pierda mientras seguimos acogiendo talento joven.
¿Cuál es su diagnóstico actual de la profesión en
Castellón?
Vivimos una especie de “burnout” colectivo desde la
pandemia. La carga de trabajo y los cambios normativos constantes han generado
mucho desgaste profesional. El legislador no nos ha dado un respiro durante
estos años. Aun así, percibo más unión entre los profesionales y una
reivindicación común: que se nos escuche, como expertos, antes de tomar
decisiones que afectan a nuestra labor.
En los últimos años, la normativa laboral ha
experimentado numerosos cambios y actualizaciones. ¿Cómo está afectando esta
evolución constante al trabajo diario?
Nos obliga a una adaptación permanente, tanto en
formación como en organización interna y tecnología. Esto incrementa costes y
dificulta la planificación, además de generar cierto grado de desapego por
parte de nuevas generaciones que no quieran dedicarse a una profesión en
continuo cambio, a pesar de somos una de las que registra menos tasa de
desempleo.
La digitalización –acelerada y a veces defectuosa- ha
transformado su relación con la administración, con organismos públicos como la
Seguridad Social o el SEPE. ¿Qué balance hace de este proceso?
Tengo una sensación contradictoria. La tecnología
agiliza muchos procesos, pero también hemos perdido cercanía y contacto humano.
Debemos encontrar un equilibrio entre digitalización y trato personal. A veces,
una llamada soluciona más que cinco CASIA. En cualquier caso, el trato que
recibimos de la Tesorería General de la Seguridad Social de Castellón es admirado
en toda España.
El papel de los graduados sociales es clave en la
aplicación práctica de la normativa laboral. ¿Cree que está suficientemente
reconocido?
Durante la pandemia se reconoció nuestra importancia,
pero todavía queda camino. No debe volver a
pasar lo ocurrido este año con la Orden de Cotización que fue publicada cuando
muchos compañeros empezaban un merecido descanso de Semana Santa. No es la
primera vez que ocurre. Pienso que tenemos derecho al descanso y a la
desconexión digital igual que el resto de trabajadores y que hay que poner en
valor y exigir el respeto que merece que las plantillas puedan cobrar a final
de mes y que la Seguridad Social tenga los seguros sociales ingresados en
plazo, entre otros muchos trabajos. Esa labor es en gran medida gracias a los
graduados sociales, pero es algo que hay que valorar como se merece. No es
darle a un botón.
¿Está preparada la profesión para dejar de ser
percibida como una extensión administrativa y dar el salto a un rol más
estratégico?
Sí. Nuestro valor no está en el trámite, sino en el
conocimiento profundo de las empresas y de las relaciones laborales. Un despacho que trabaje tanto el asesoramiento laboral, fiscal,
jurídico y de igualdad es un grandísimo activo para cualquier empresa. Podemos aportar mucho en la toma de decisiones estratégicas.
La presión normativa, la responsabilidad jurídica y la
carga de trabajo están elevando el estrés en el sector. ¿Se está normalizando
un nivel de exigencia insostenible?
La frase
que más se repite con compañeros mayores de 55 años es “en cuanto pueda me
jubilo”. Hablan de jubilación anticipada por agotamiento. Llevamos años
pidiendo ser escuchados en las mesas negociadoras de los ministerios de Trabajo
y Seguridad Social, para que, conjuntamente, podamos explorar nuevas vías de
hacer más sencillo el trabajo en beneficio de la ciudadanía. Además, la inmediatez y la presión
constante generan un desgaste difícil de gestionar. Los colegios profesionales
deben servir de apoyo y refugio para el colectivo.
Durante el último año, como colectivo han reiterado el
derecho a la desconexión digital. ¿qué resistencias están encontrando?
Vivimos en una cultura de respuesta inmediata que
invade el tiempo personal. No obstante, también
es un momento social en el que se está teniendo más en cuenta que nunca la
salud mental. Solo pedimos que se respeten los horarios de descanso
y que las notificaciones administrativas no lleguen a cualquier hora, durante el fin de semana o a las 12 de la noche.
Los despachos profesionales operan en un entorno cada
vez más competitivo. ¿Cómo está evolucionando el modelo de negocio?
Muchos pequeños y medianos despachos están siendo
absorbidos por firmas más grandes debido a la sobrecarga de trabajo, la
inversión tecnológica y la falta de relevo generacional. Castellón es una provincia con grandes industrias, pero de gestión
cercana. Nuestro reto es ayudar a que ningún profesional se
quede atrás.
¿Qué oportunidades y desafíos plantea la inteligencia
artificial en el asesoramiento laboral?
La IA permitirá automatizar tareas repetitivas y
centrarnos en el verdadero valor añadido: el criterio profesional. La
tecnología ayuda, pero el conocimiento jurídico seguirá marcando la diferencia.
Tiene cuatro años por delante. ¿Cuáles son las
prioridades de su mandato?
Quiero atraer a más jóvenes a la profesión, impulsar
programas de mentoría y reforzar la formación en tecnología, liderazgo y
comunicación. También queremos crear una comisión tecnológica y mejorar la
visibilidad social del trabajo que realizan los graduados sociales.

